martes, 8 de febrero de 2011

Crónicas de la Ginecomastia

I

Tengo 16 años estoy en un telo con un tipo canoso que dice ser swinger y sexólogo. Está sacado, no deja de mordisquearme todo el cuerpo. Me chupa las tetas hasta hacerme acabar, luego se masturba y acaba también. Se acuesta al lado y respirando agitado me pregunta mientras señala mi pecho con su cigarrillo- ¿hace mucho que las tenés así? Deberías hacértelas ver, parece ginecomastia y puede traer complicaciones. Silencio. Me lleva en el auto hasta la esquina de casa.

Al poco tiempo comienzo a visibilizarme como gay, he bajado 19 kilos en un mes, siento haber perdido mi cuerpo anterior, todo excepto una parte, dos partes. En los boliches me confunden con una torta, crece en mi un profundo rechazo por mis tetas y comienzo a vendarlas, a usar una remera sobre otra remera, sobre otra remera. Gasas y alfileres de gancho que se me marcan en la espalda o cuando me siento. Pruebo con chalecos. Me muero de calor. No me meto más a ninguna pileta. Cojo de pié y sin sacarme la ropa en el túnel de alguna disco. Me juro no ir jamás a un sauna. Sólo encuentro algo de paz en casa donde puedo andar en cueros y una tía abuela costurera me ayuda con el vendaje.

II

Pasan unos años y de a poco me voy soltando, he subido un par de kilos y ya no se me notan tanto, soy como cualquier gordito tetón, aunque sigo sin meterme a ríos o a piletas públicas. Las toallas que caen alrededor del cuello resultan una buena prótesis para mi, me cubren bien pero son efímeras. Cuando transcurre el tiempo y no te quitás la toalla la gente insiste y pregunta – Quitate la toalla. ¿Por qué te la pones así? ¿Qué pasa?. De nuevo a las remeras.

A los 18 conocí a un chico con el que salimos durante un año y medio. La pasamos muy bien juntos durante ese tiempo, me desinhibí bastante con el, le enseñé a chuparmelas. Incursionamos en saunas y para mi sorpresa noté cómo mis tetas atraían a más de uno. Después de haber cortado, un día charlando, me confiesa haber sentido mucha impresión por mis mamas al comienzo. Así (me) las nombra: mamas. Palabra fea si las hay. Otra vez las remeras.


III

A los 19 años me decidí a sacar un turno con el médico para ver si había otro nombre para mis mamas y asegurarme que mi salud no corría ningún riesgo. Una endocrinóloga del Sanatorio Allende (Córdoba) con rostro de profundo dramatismo tomó mis manos y, bajo una cruz de madera que lo observaba todo, me dijo –Antes que nada es muy importante que sepas que esto es un problema muy común, que le pasa a muchos chicos y que tiene solución. No es tu culpa. Yo ahora te voy a pedir unos análisis y si todos los resultados dan bien y no tenés nada podremos operarte en Junio, así para el verano estás listo para la playa. Sonríe y se desconcierta ante mi cara de espanto, la cara de quien no conoce el mar, pero conoce su precio en carne. Me fuí del hospital y jamás me hice las pruebas. Esa misma noche un amante SM me pone unas pinzas en los pezones y me retuerce de placer, pero al otro día no lo dudo y como un adicto vuelvo a cubrirme con remeras. Una, dos, tres, como una cebolla.


IV

A los 21 conocí en un seminario al hombre que cambió la historia de mi cuerpo para siempre. No sólo fue capaz de nombrarlo tiernamente y de ese modo darle la posibilidad de existencia -ya no como patología, monstruo, fantasma o fetiche-, sino que hizo de éste un territorio de celebración, de placer, de batalla y de encuentro.

Y no fue hasta cuatro años después de aquella trágica consulta a la endocrinóloga, que estuve listo para mirar el mar por primera vez, de la mano de Mauro, compañero, soldado y activista. Ambos en cuero como, se supone, uno debe conocer el mar.

V

Por lo demás como me repite una amiga travesti (Diana Sacayán): “Nena, cómo garpan estas tetitas de alpiste, estas tetitas de agua.”


Juan Manuel Burgos

Preguntas

Julio del 2010
Un amigo de Ecuador me hizo tres preguntas sobre la aprobación del matrimonio igualitario que me hicieron pensar un poquito más sobre algunas cuestiones...
Intento ensayar algunas respuestas o sistematizar algunas impresiones al respecto, a ver qué les parece.
las preguntas fueron más o menos estas ¿cuál ha sido el trabajo de las organizaciones sociales para obtener la aprobación? ¿cuales fueron los debates que se instauraron en la sociedad y las posiciones que asumieron los ciudadanos? y cuáles son las consecuencias inmediatas de esta modificación de la ley?
El trabajo para lograr la aprobación de la ley de matrimonio igualitario para todos y todas, “los mismos derechos con los mismos nombres” (como reza el slogan de la Federación Argentina de Gays Lesbianas Bisexuales y Trans) fue arduo y es el fruto de la combinación de los esfuerzos de varios sectores y diversas organizaciones de la sociedad.
Es importante destacar que si bien la agenda política que impulsó el matrimonio como propuesta legislativa central fue la de la Federación Argentina de Gays, Lesbianas, Bisexuales y Trans (siguiendo casi al pie de la letra el modelo y las estrategias de la federación española GLBT), acompañaron activamente a este proceso social:
El trabajo realizado por la Comunidad Homosexual Argentina impulsando proyectos de Uniones Civiles que se fueron aplicando en distintas jurisprudencias del territorio nacional.
La visibilidad que distintas parejas de gays y lesbianas dieron sobre su problemática del desabrigo legal y el reclamo ante la justicia presentando numerosos amparos para obtener sus matrimonios. Sin olvidar el caso de una compañera trans que se unió civilmente con su pareja para visibilizar además el apoyo trans a la causa matrimonial.
El compromiso de los grupos de madres lesbianas.
Los dictámenes afirmativos de distintos jueces que fallaron a favor de uniones matrimoniales en distintas provincias del país.
El apoyo de la presidencia de la nación y de los grupos más fuertes en derechos humanos en la argentina, como por ejemplo abuelas de plaza de mayo.
La solidaridad de espacios académicos reconocidos y de distintos sectores culturales, de medios televisivos y radiofónicos que aprovecharon incluso entregas de premios, conferencias de prensa, estrenos de cine, teatro, espacios de ficción y cuanta aparición mediática se diera para afirmarse a favor del matrimonio igualitario.
Finalmente cabe reconocerle al fundamentalismo bochornoso, ridículo y penoso de la iglesia católica y los sectores más conservadores de la sociedad argentina un impacto positivo en la entrada de quienes integramos grupos más disidentes respecto de la agenda oficial. Muchos de los que estamos en contra de la jerarquía que ocupa la cuestión matrimonial-patrimonial en “LA” agenda GLBT y de la institución del matrimonio en general, nos sentimos profundamente interpelados por la homo-lesbo-trans-fobia de quienes con discursos oscurantistas, retrógrados y fascistas se oponían a la obtención de este derecho.
Creo que en este sentido la alta carga de violencia homofóbica que se destapó permitió que los reclamos por una agenda de derechos civiles como el matrimonio o la adopción adquirieran el carácter de “derechos humanos” ya que según se planteó el debate lo que se ponía en juego en el senado era decirle si o no a los discursos homófobos que niegan derechos, equiparando los argumentos de las derechas con posiciones nazis o racistas.
El debate no fue nada serio para ser honestos, las argumentaciones fueron bastante ingenuas y débiles de ambas partes. Muchos de los que reclamaban la aprobación del matrimonio dieron cuenta de argumentos profundamente sacralizados apelando a cuestiones más relacionadas a los valores simbólicos del matrimonio que a sus efectos y aplicabilidad real en la regulación del derecho.
Así por ejemplo algunos hablaban de amor y se esmeraban por dar cuenta de que el amor gay o lésbico es “el mismo amor” que el de las parejas heterosexuales y por eso merecía ser legislado, cuando todos sabemos que para acceder al matrimonio hetero el desamor nunca fue un impedimento. Igual ocurrió con el argumento de la promiscuidad, comenzó a debatirse si los homosexuales eran o no promiscuos por naturaleza, siendo que la promiscuidad e incluso el ser homosexual no le ha impedido ni le impedirá a ningún gay casarse con una mujer, cualquier mujer puede ser al mismo tiempo abiertamente lesbiana y reconociblemente promiscua sin que nadie le impida por ello casarse con un varón.
Creo que es un error pensar en derechos de las minorías y mayorías siendo que al ampliar el espectro de las posibilidades de uniones matrimoniales se beneficia también a los heterosexuales. La nueva ley no dice que los homosexuales y lesbianas también pueden casarse, la nueva ley dice que cualquiera que lo desee puede casarse con alguien de su mismo sexo.
Pensemos en la siguiente situación: a una madre soltera heterosexual que no guarda relación o no tiene familiares vivos, se le diagnostica un cáncer terminal, una buena forma de delegar la tenencia de sus hijos y de sus bienes, e incluso la responsabilidad de decidir sobre su propia salud cuando ella ya no pueda hacerlo a una persona confiable podría ser formar un matrimonio con alguien de su confianza, incluso si esa persona es una mujer. Sin embargo este tipo de razonamiento que piensa en el contrato matrimonial como una herramienta jurídica no ha aparecido en la discusión, aun cuando el matrimonio entre personas del mismo sexo pudiera extender las posibilidades de acción jurídica de cualquier ciudadano heterosexual.
Del mismo modo hemos contemplado discursos viciados de una alta carga de lesbofobia y (principalmente) homofobia internalizada, tanto homosexuales como heterosexuales a favor del matrimonio y la adopción explicaban una y otra vez que los hijos de homosexuales y lesbianas no tenían porqué ser también homosexuales o lesbianas, buscando bases científicas y estadísticas para aclarar esta cuestión sin hacerse cargo de que la pregunta acerca de la orientación sexual de los futuros hijos es cuando no pedofílica, violenta, homofóbica y sexista.
Suponer que es un tema angustiante o un problema en si mismo que un niño sea homosexual o una niña sea lesbiana, es suponer que hay algo de malo en ser homosexual o lesbiana.
Preguntarse qué hacer con los futuros niños que podrían ser gays o lesbianas es desconocer, invisibilizar y violentar a los niños que ya hoy son gays y lesbianas y no reciben ninguna protección a las violencias y discriminaciones que sufren a diario por parte de otros heterosexuales.
Proyectar el propio deseo y la propia orientación sexual en el cuerpo de un niño, de un hijo propio o ajeno que incluso aun no ha nacido me resulta sinceramente perverso. Esa mirada hipersexualizada y llena de expectativas hipersexualizantes puesta ahora principalmente sobre los cuerpos de los hijos (varones) de las familias homoparentales me parece sumamente inapropiada.
De hecho no es casual que haya más miedo a que un niño varón hijo de homosexuales sea también homosexual, cuando no violado por sus padres (como sugirió la conductora televisiva Mirtha Legrand), a que una niña hija de dos lesbianas sea también lesbiana. Creo que en la importancia jerarquizada que se da para preservar al varón (al ano cerrado del varón) o futuro macho de la especie es un síntoma profundamente machista y patriarcal del sistema heterosexista.
Creo que es la misma razón por la que se le da tanto descrédito y tan poca trascendencia a las miles de denuncias de niñas abusadas o violadas. Es realmente triste que la violencia de género se manifieste desde tan temprano en la protección diferenciada que reciben los cuerpos de los niños respecto de los de las niñas, los hijos de homosexuales respecto de los hijos de heterosexuales.
También en los discursos a favor del matrimonio se escucharon declaraciones profundamente transfóbicas del tipo “estamos hablando de que dos personas que se aman puedan adoptar, no de darle niños a UN travesti borracho” o “No estamos diciendo que las personas puedan decidir qué quieren ser, si varones o mujeres, estamos diciendo que dos varones o dos mujeres puedan unirse en matrimonio”. Pero quizás las posiciones más transfóbicas no fueron las de senadores y legisladores sino las del propio movimiento GLBT que propuso algo así como “Es más urgente en nuestras agendas obtener el matrimonio y la adopción para todas y todos que una ley de identidad de género para que las personas trans puedan ser inscriptas registralmente por su nombre, o trabajar a favor de la despatologización de las personas trans o para garantizar el acceso a la salud y a al educación de quienes por su expresión o identidad de género u orientación sexual no pueden hacerlo”.
Ese segundo lugar que se le dió a los derechos humanos violados sistemáticamente, incluso por el estado, por una agenda de derechos civiles para garantizar la regulación patrimonial también forma parte de una violencia importante que no se puede obviar.
Decir “Ahora vamos por la identidad de las trans y las travestis” sin incluir en el discurso a hombres trans y sin dejar de lado el papel de héroe homosexual para dar espacio a escuchar las propias voces y debates de la comunidad trans respecto de su identidad” es otra forma de paternalismo y de invisibilización.
Finalmente quiero decir que aunque se aprobó la ley de matrimonio igualitario para todas y todos, el matrimonio sigue siendo un beneficio que afecta a unos pocos. En la Argentina las cosas no han cambiado mucho: seguimos sin poder donar sangre porque se sospecha somos portadores de HIV y se confía más en este prejuicio que en la efectividad del testeo médico, aun podemos ser detenidos en las calles por “merodeo”, por usar ropas del sexo opuesto, etc. Hace apenas 4 meses que Natalia Gaitán fue asesinada por ser lesbiana y en los colegios públicos de la provincia de Salta la educación religiosa católica que nos condena todavía es obligatoria. Las travestis presas continúan en pabellones de varones, o de aislamiento, siguen recibiendo maltratos y siendo extorsionadas para que brinden favores sexuales.
La aprobación de la ley matrimonial parece haber sido un éxito que dignifica a todas las personas gays que ahora si pueden caminar por las calles de la mano porque el estado las protege, como escuché decir por allí, o porque sus padres volvieron a hablarles luego de años sin relación debido a que ahora 33 senadores presionaron el botón correcto, el botón del si al matrimonio.
A pesar de estas buenas nuevas lo que se dice es una mentira. La ley fue un fracaso para algunos de nosotros, no todos los gays podemos casarnos con "el hombre que amamos". Mi compañero es un hombre transexual y aun en el remoto caso de que nuestro amor sea el mismo que el de los heterosexuales y ahora también que el de los homosexuales, si quisiéramos casarnos, la ley no contemplaría nuestra unión matrimonial, ya que la ley no reconoce ni siquiera la identidad de mi compañero. Desde una perspectiva jurídica registralmente mi compañero fue asignado al sexo femenino y casarnos implicaría desconocer legalmente, nuevamente, su identidad.
Un detalle que a los impulsores de la ley se les olvidó es que para poder casarse primero hay que tener un nombre, una identidad inscripta en los registros del Estado y que esa inscripción o ese nombre no debe atentar contra la propia persona que lo porta, violentándola negándola o anulándola. Un detalle que al movimiento GLBT se le pasó por alto, con tanta comunidad homogénea supongo yo, es que no a todos los gays nos gusta el mismo tipo de hombres, ni el mismo tipo de cuerpo de hombre. Muchas lesbianas, de igual modo, se enamoran de travestis y de mujeres trans y estas parejas merecen, por qué no, poder casarse también sin que este hecho niegue la identidad que la conyugue trans adoptó para si misma
Al movimiento se le pasó por alto que no todos los gays ni todas las lesbianas somos iguales, ni siquiera ante la ley. Y que no siempre se trata O de cuestiones GayLésbicas O de cuestiones Trans, a veces las cuestiones trans son fundamentales para muchos gays y para muchas lesbianas ya que nos afectan directamente .
Juan Manuel Burgos

Patrimonios y algo más

julio de 2010
Durante los últimos meses quienes nos identificamos como bisexuales, lesbianas, travestis, transexuales, transgéneros, gays, homosexuales o pansexuales hemos sufrido (otra vez) agravios, violencias y discriminación de parte de los representantes más fundamentalistas de la iglesia católica y de los sectores más conservadores de la sociedad.

Pero no sólo nosotros fuimos víctimas de estos ataques, nuestras familias fueron agredidas y también aquellos heterosexuales (incluso conservadores) que mantienen relaciones sexuales sin estar casados, o lo hacen con más de una persona o son estériles, impotentes, menopáusicas, o usan condón, o eyaculan fuera, o toman píldoras anticonceptivas, o tienen colocado un diu, o practican sexo oral o anal.

Fueron violentadas todas aquellas personas intersex cuyos genitales, gónadas u hormonas varían del promedio establecido por la ley y la medicina, fueron injuriados todos aquellos que no encarnan una tuerca y un tornillo “natural” (como muestra la bandera de queremos mamá y papá) y todas las personas que para encarnar ese cuerpo de futura mamá o papá fueron mutiladas al nacer.

También aquellos niños y niñas que fueron criados por un solo padre o una sola madre, o una abuela, o una tía, o un hermano; todos aquellos niños que son hijos de travestis, de lesbianas, de gays, de bisexuales y que existen ya hoy en la Argentina, que van al colegio, que juegan con otros niños.

Los ministros fóbicos de la iglesia y del estado han intentado impedir la sanción por una ley de matrimonio entre personas del mismo sexo a través de argumentos falaces y oscurantistas que nos tocan inclusive a quienes no teníamos el más mínimo interés por casarnos o a quienes ya estaban casados. La insistencia por reducir la complejidad de nuestras identidades a una simple práctica sexual que puede ser reprimida a través de votos de castidad o de tratamientos psicológicos resulta patética, ofensiva, inviable e ignorante.

Cada vez que se nos llama enfermos o discapacitados por nuestra orientación sexual, expresión o identidad de género, la operación que se realiza es la de invisibilizar la situación sanitaria complicada de muchas lesbianas, transexuales, travestis y gays, de muchos bisexuales e intersex que son diabéticos, o seropositivos, o tienen cáncer, o están en sillas de ruedas, o son ciegos, o tienen hepatitis, o neumonía, o tuberculosis, o gripe A, o son esquizofrénicos, o bipolares o están en coma, o a la espera de un riñón, de un pulmón o un corazón.

Qué pasaría si uno le dijera a esos que nos llaman enfermos o discapacitados que sí, que en efecto muchos de nosotros estamos enfermos. Si a esos que nos acusan de tener problemitas mentales les contestamos que sí, que muchos de nosotros necesitamos tratamientos psiquiátricos. Qué ocurriría si uno les preguntara a los representantes del estado o de la iglesia por qué razón cando vamos a un hospital estatal (o universitario católico) recibimos un trato diferenciado y discriminatorio, ¿por qué el acceso a la salud para la comunidad travesti es casi nulo? ¿Por qué muchas lesbianas se niegan a ser atendidas por ginecólogos argumentado haber recibido de ellos sanciones morales y un trato hostil? ¿Por qué muchos homosexuales son humillados a diario por dermatólogos, infectólogos o proctólogos? ¿Por qué en los hospitales no nos permiten aun donar sangre?

Nos acusan de ignorantes o de mal-educados y al mismo tiempo nos niegan el acceso a cualquier establecimiento educativo emparentado con la iglesia católica. Les impiden a sus hijos que se junten o se hagan amigos de un niño afeminado, de una niña lesbiana, de los hijos de un transexual o de una travesti. Les impiden a nuestros hijos crecer en espacios libres de violencia. No respetan en ninguna escuela el derecho de las personas a llamarse por su nombre o en el género con el que se identifican, no nos permiten utilizar los baños de mujeres por las dudas violemos a alguna de ellas, ni los baños de varones por las dudas estos nos violen y luego la escuela se vea envuelta en algún litigio jurídico.

Qué posibilidades tenemos de acceder, no digo plena sino, regularmente a la ciudadanía si cada vez que un profesor dice públicamente que es homosexual o una docente dice que es lesbiana corren el riesgo de ser expulsados (en el caso de los colegios católicos) o de ser removidos del cargo (para ocupar tareas administrativas que no impliquen el contacto con niños, jóvenes o adolescentes) en el caso de las escuelas públicas o laicas.

Nos llaman promiscuos y con este argumento quieren coartar nuestros derechos, siendo que la promiscuidad nunca le impidió a ningún heterosexual casarse. De igual manera nuestros amigos heterosexuales muchas veces explican nuestra situación diciendo: No ves que se aman muchísimo, se deberían poder casar- siendo que el desamor nunca le impidió a ningún heterosexual casarse. No se trata de que el estado de el visto bueno al amor que dos personas se tienen, se trata de exigirle al estado posibilidades jurídicas para regular nuestro capital, compartirlo y heredarlo a nuestro antojo. Esa es la demanda y ese es el derecho por el que las comunidades LGTB están peleando actualmente.

No se trata de una ley sólo para homosexuales, sino de una ley que también le permitiría a cualquier heterosexual más dominio sobre su patrimonio.

***

En lo personal no me preocupa tanto la sanción de la ley matrimonial como el odio que suscitan las respuestas ante la misma, por lo demás, al fin y al cabo, quienes accedan al privilegio de casarse y al de la adopción serán quienes ya vienen disfrutando privilegios previos.

Me refiero a quienes desde antes del proyecto de ley en cuestión poseen bienes y propiedades para heredar, quienes poseen un DNI que reconoce su identidad, quienes tienen acceso a créditos, quienes no dependen económicamente de una familia homófoba o lesbófoba, quienes no dependen laboralmente de instituciones, organizaciones o empresas transfóbicas, misóginas, clasistas, racistas, machistas o fundamentalistas.

Quienes tengan los recursos para adoptar podrán hacerlo, tendrán hijos quienes dispongan de la estabilidad económica para pagar una inseminación artificial o alquilar un vientre, se casarán quienes tengan las monedas para llegar hasta el registro civil.

Quienes se casen y adopten serán los que (mirando así un poco por encima) ya sabíamos de antemano disponen de los medios para hacerlo. El acceso a estos derechos con seguridad seguirá el orden jerárquico de las siglas políticas, primero Gays, luego Lesbianas y con mucha suerte, más a futuro accederán Trans y Travestis (también en este orden).

Mientras tanto nos urge que la sociedad y las autoridades tomen conciencia y se hagan cargo del odio y la fobia social hacia nosotros, ese odio que empieza con la exclusión familiar e institucional, y continúa con la falta de acceso o el acceso diferenciado a los sistemas de salud y educación, o el maltrato que sufrimos hasta en el sistema penitenciario (porque al igual que muchos heterosexuales también vamos presos y al igual que ocurre fuera de las cárceles, también adentro recibimos un trato discriminatorio).

Queremos que el estado y quienes tienen tantas ansias de ley comprendan la necesidad de cambios culturales mucho más profundos que meras sanciones legislativas. A muchos de estos cambios ya los estamos produciendo: caminando tomados de la mano, mariconeando, chongueando, sonriendo, devolviendo los insultos, celebrándonos, montándonos, maquillándonos, nombrándonos y burlándonos de todo, incluso de nosotras mismas.

Así sobrevivimos pero queremos más que sobrevivir, queremos que quienes dicen representarnos asuman el hecho de que aun no se ha derogado el código de faltas que es claramente homofóbico lesbofóbico y transfóbico, que los planes de gobierno y la justicia se encarguen de redireccionar, cuando no erradicar, el asco desmedido que las personas aprenden a tenernos (en las familias, en los colegios, en las iglesias, en las calles), porque sabemos que nadie nace odiando a las travestis, a los gays o a las lesbianas, nadie nace teniendo asco por transexuales e intersex, ese odio se aprende y se enseña, se alimenta todos los días a cada rato en cada casita de cada barrio. Uno no nace homófobo, uno llega a serlo.

Por eso hoy, ante las argumentaciones homófobas de la iglesia y los fundamentalistas les exigimos a los senadores piensen seriamente en ese odio que se nos tiene, en ese asco irracional que muchas veces termina en el homicidio, en el exterminio de todo lo que no es heterosexual. Recordemos que en nuestra provincia hace sólo cuatro meses que Natalia Gaitán fue asesinada por lesbiana y que la muerte de Vanesa Ledesma en manos de agentes de la policía cordobesa, lleva años sin esclarecerse.

La urgencia que tenemos por garantizar nuestros derechos humanos no puede dilatarse más, se nos va la vida en esto, queremos poder comer, ejercer nuestras profesiones, estudiar, queremos curar nuestras dolencias y vivir nuestras identidades, demostrar afecto o pura calentura, opinar y expresarnos sin ser descalificados ni ser perseguidos por ello.

Lo que está en juego este 14 de julio en el senado no es la aprobación del matrimonio entre lesbianas o entre gays, lo que se juega es la posibilidad de decirle NO a un sector de la sociedad que nos detesta por no ser como ellos y evidencia sin ningún pudor sus políticas de exclusión y marginación. No se juega el derecho a la igualdad o a ser como cualquier otro, sino el derecho a ser diferentes sin ser violentados o discriminados con argumentos patéticos que parecen chistes y que hasta nos reímos cuando escuchamos algunas de esas ridiculeces. Sin embargo, las consecuencias de toda esta violencia no son chistosas ni ridículas, nos afectan porque conocemos en carne propia el costo material de los disparates de monseñores y mandatarios, los disparates de un montón de señoras teñidas de rubio fluorescente y con anteojos gigantes hablando de “lo natural”, de chiquillos atrozmente manipulados repitiendo por las calles “queremos mamá y papá” o “matrimonio viene de la palabra matriz y eso significa que puedo negarte los derechos que se me ocurran”.

A toda esta gente que se arroga el derecho de llamarse familia y de llamarse iglesia, que cree tener autoridad para decidir qué es lo moralmente correcto y qué no lo es, me gustaría decirles que no necesitamos de sus enseñanzas porque nosotros ya tenemos nuestras propias familias, tenemos nuestros proyectos de familia y nuestros ensayos de familia, tenemos nuestros resentimientos y nuestros karmas de familia. Ya hay niños entre nosotros, con nosotros y como nosotros. No necesitamos de sus enseñanzas ni de sus aprobaciones porque nosotros como ciudadanos ya tenemos nuestras propias creencias, nuestras formas de ser ateos y de ser iglesia, no necesitamos su autorización para profesar nuestra fe o expresar nuestra espiritualidad.

Quiero decirles que mientras ustedes nos enviaban a la hoguera nosotros hemos estado ocupados diseñando estrategias de resistencia, hemos continuado naciendo en medio de sus familias, nos hemos criado en sus escuelas y sus templos (bien en el seno homófobo de Cynthia Hotton). Hemos aprendido a perdurar entre ustedes y a pesar de ustedes, hemos elaborando nuevos cuerpos (más ágiles, más gozosos, más pensantes), hemos hecho amigos y aliados, hemos construido registros y memorias, hemos contado varias veces y con varias versiones nuestras historias, tenemos nuestra propia ética y nuestros modos de leer la biblia y el kamasutra.

Sabemos cómo rezar, como bautizaros y como celebrar cada nueva iniciación. Sabemos con toda certeza cómo enterrar y llorar a nuestros muertos. También cómo desenterrarlos y resucitarlos cada vez que sea necesario.

No somos pocos y no estamos solos, quizás algunos estemos locos y otros estemos enfermos, varios seremos ignorantes y promiscuos, con seguridad no somos iguales y pagamos un costo alto por ello. No somos iguales pero gracias a todo vuestro fascismo estamos más juntos últimamente, estamos unidos, debatiendo y pensando mundos más habitables, construyendo lazos y comunidades junto a un montón de argentinos y de compañeros latinoamericanos que nos acompañan y nos incentivan a seguir luchando.

Estamos cantando, bailando y cogiendo mucho más por estos días, con amor y sin amor, entre dos, entre tres y entre más también. Sólo nos detenemos para amamantar a nuestros hijos o para contarles cuentos en los que ni los lobos ni los monstruos son cazados, cuentos en los que nadie es casado, en los que ricitos de oro puede ser adoptada por la familia de osos y ningún estanciero sojero sacrifica a la gallina de los huevos de oro. Estamos haciendo historia y estamos disfrutando mucho que se trate de nosotros esta vez, por eso nos reímos, gozamos, nos hacemos compañía y nos hermanamos, porque intuimos que entre tanto puto, tanta torta, tanta trava, tanto trans, tanto bi, tanto inter y tantos niños el verbo finalmente se está haciendo carne.
Juan Manuel Burgos

La Resistencia Trans*

26 de septiembre de 2010

Actualmente desde los grupos hegemónicos de gays, lesbianas, bisexuales y trans se están impulsando proyectos de ley para tratar en diputados y senadores sobre la regulación de la identidad trans.

Sucede que estos debates sobre la llamada “ley de identidad de género”, excluyen de la discusión e invisibilizan a los propios actores trans que desde hace varios años venimos activando en distintas organizaciones y movimientos sociales.

Creemos que es importante en este contexto visibilizar la pluralidad y la diversidad dentro de las comunidades trans, la labor teórica y política que hemos realizado históricamente, denunciar la violación sistemática a nuestros derechos humanos y ciudadanos y evidenciar también este nuevo borramiento y ninguneo que sufrimos en este debate actual por parte de líderes políticos que se arrogan el derecho de representarnos pero no son capaces de escuchar nuestras realidades.

Queremos comunicarle a los legisladores, a los académicos, a los movimientos sociales y de DD HH, a los movimientos estudiantiles y a la sociedad en su conjunto que nosotr*s no hemos puesto ni un punto ni una coma en ninguno de los proyectos, nostr*s no fuimos convocad*s para debatir sobre una ley que pretende legislar para nuestra comunidad. Por esto como personas trans nos resulta fundamental llamar a un debate nacional no federado, escuchar la mayor cantidad posible de voces trans, para poder consensuar acerca de qué tipo de reconocimiento esperamos del Estado, porque consideramos que lo urgente, antes que el Estado, es reconocernos entre nosotr*s mism*s.

Cuando decimos reconocernos nos referimos a asumir que al colectivo trans no sólo lo integran feminidades trans sino también masculinidades, que no sólo hay transexuales sino también travestis y transgener*s.

Los proyectos de ley de identidad actuales presentan para nosotr*s una serie considerable de dificultades.

Proponen que un comité de expertos evalúe o juzgue de acuerdo a normas y variables que nunca se explicitan quiénes estarían en condiciones y quiénes no de obtener el cambio registral de su identidad.

Ninguno de ellos garantiza el acceso a hormonas, cirugías de reasignación de sexo y otras tecnologías de modificación corporal para quienes las necesitamos a la hora de construir nuestra identidad, tampoco aseguran el derecho a la identidad para quienes deciden no realizarse modificaciones corporales. Esto desconoce que las cuestiones de salud son fuertemente identitarias y que en muchos casos se nos va la vida en ellas, por ejemplo un estudio reciente deja en tercer lugar como causalidad de muerte de personas travestis los problemas derivados de la aplicación ilegal de siliconas industriales, ante estas realidades creemos que el acceso a la salud tiene que ser prioridad.

Ambos proyectos proponen reconocer el derecho de las personas a su identidad tal como esta sea autopercibida, sin embargo sólo reconocen las identidades varón y mujer, desconociendo a aquellas personas que simplemente se autoperciben trans o travestis. Esto es contradictorio y un retroceso respecto de otras instancias de reconocimiento estatal como por ejemplo el pronunciamiento de la corte suprema de Nación que reconoce la identidad de genero travesti y el programa de inclusión educativa de la dirección general de cultura y educación de la Provincia de Bs. As. que busca dar oportunidad a travestis, transexuales y transgénero*s para finalizar los estudios primarios y secundarios. otro marco de reconocimiento importante de nuestra comunidad en el plano cultural es la creación de la revista “El Teje” la primera experiencia periodística ideada, dirigida y realizada por feminidades travestis y masculinidades trans; sin olvidar las numerosas normativas en las que hemos trabajado para que en Hospitales públicos y en las universidades se designe a las personas trans por su nombre de elección y la creación de cooperativas de trabajo como “Nadia Echazú” destinadas a la reinserción laboral para personas travestis.

En este contexto, es de una gran violencia y humillación para nosotr*s que no sólo se invisibilice nuestro trabajo político sino la identidad misma de much*s de nosotr*s, identidad que hemos construido comunitariamente y desde la lucha política. Las personas transexuales, transgénero y travestis en nuestro país vivimos en una situación muy alarmante; sin embargo quienes logramos corrernos de ese lugar de exclusión y podemos hacer una análisis de esta situación e intentar a través de nuestra participación política, pensar, idear y generar políticas de inclusión somos marginadas nuevamente de los espacios de diálogo y debate sobre los proyectos de ley, hemos recibido de quienes dicen ser nuestros aliados un trato vergonzoso y humillante; han negado nuestra participación política, nuestros esfuerzos y logros, nuestro saber encarnado y teórico, han intentado borrar por completo nuestra historia, acallando nuevamente nuestra voz.

No queremos ser violentad*s, censurad*s y normalizad*s por proyectos de ley y debates políticos que hablen de nosotr*s pero sin nosotr*s, que hagan un mal uso de nuestras palabras o defiendan los intereses de sólo una minoritaria parte del colectivo trans en Argentina. No queremos seguir siendo descalificad*s, ni conformarnos con miserias de ley que no garanticen el cese de la violación sistemática a nuestros derechos humanos.

Una ley de identidad de género para todas y todos debe incluir reglamentación sobre salud, educación y acceso al trabajo, debe garantizar nuestra ciudadanía, respetar nuestra identidad autopercibida y resarcir el daño y las vejaciones que el Estado Argentino y las políticas de violencia extrema y discriminación institucional cometen diariamente contra nosotr*s.

Un proyecto de ley serio debe derogar los códigos de faltas contravencionales que atentan contra el ejercicio de la identidad y la expresión de género sancionando el travestismo (con hasta noventa días de arresto) como ocurre en muchas provincias de nuestro país.
Un proyecto de ley que no incluya estás cuestiones mínimas es un proyecto de ley transfóbico y travestofóbico.
Hoy más que nunca deseamos tener la posibilidad histórica de debatir sobre lo que queremos como personas trans y sobre cómo lo queremos. Nos merecemos esa posibilidad. Porque lejos de no haber hecho nada hemos realizado aportes significativos a la teoría feminista y a la academia, somos parte de movimientos sociales y de derechos humanos, acompañamos a las madres y a las abuelas de plaza de mayo y gritamos junt*s en la plaza NI OLVIDO NI PERDÓN, hemos participado activamente del proceso social del año 2001, luchamos para aportar a los cambios sociales, celebramos y reivindicamos a los olvidados, a los marginados y a los de abajo. Nosotr*s tenemos sueños, esperanzas y estamos preparad*s para producir los cambios que necesitamos, porque más que nadie conocemos lo que queremos y lo que no queremos. Y esta vez no queremos que ni el estado, ni la iglesia, ni ningún representante político nos pase por encima para decidir y controlar nuestros cuerpos y nuestros deseos.

No vamos a aceptar ser excluíd*s de este debate y junt*s le decimos basta a la violencia que están ejerciendo, porque nosotr*s somos la resistencia trans.

Escriben:

Diana Sacayán- MAL (Movimiento antidiscriminatorio de Liberación)
Juan Manuel Burgos- Mulabi (Espacio Latinoamericano de Sexualidades y Derechos)

Para el Frente Trans Militante

jueves, 8 de abril de 2010

CRÓNICA JAS10 (jóvenes activistas sociales 2010)

Agendas-
Un hondureño dice que la gran mayoría de las parejas gays fracasan porque no fuimos educados para estar en pareja entre dos hombres, dice que los gays que militan en contra del matrimonio o posponen dicha temática lo hacen por falta de educación. Martín interviene recordando que muchos de los gays que estamos en contra del matrimonio leemos teoría queer y estudios de género, que no se trata de ignorancia o falta de educación sino de una posición política. A esto responde que agradece la intervención, que nos felicita por nuestra "inteligencia" pero que no todos los países de latinoamerica ni los activistas tienen esta "capacidad" de leer teoría queer, que nuestras intervenciones son muy superiores. Pido la palabra y pregunto a los presentes: Bien, por un lado tenemos una agenda política de gays y de lesbianas que quieren casarse, adoptar y heredar sus bienes (tienen bienes) por otro lado una agenda de trans (personas que habiendo sido asignados a un sexo al nacer se identifican con el "otro" género) y de intersex (personas cuyo canon corporal y genitalidad varía respecto de la media considerada "normal") que reclaman el derecho al nombre, a la salud, a la integridad de sus cuerpos y a la educación. ¿qué clase de sofisticación intelectual es esa de la que se nos acusa por decir que urge una agenda de derechos humanos por sobre una de derechos civiles?¿Qué realidad es esa de los países más pobres y menos instruidos de américa latina que produce al matrimonio homosexual como lo más importante en sus agendas, y que nosotros los argentinos no podemos comprender? ¿Realmente es muy de avanzada nuestro reclamo? ¿No se concibe querer que una agenda de derechos humanos no se lleve después, ni durante, sino y sobre todo antes que una agenda de derechos civiles, que dicho sea de paso suponen de nuestra parte una reproducción del modelo familiarista patriarcal monogámico y heterosexista para garantizarlos? ¿yo me equivoco o no es en realidad, justo en aquellos países latinoamericanos más pobres donde las comunidades encuentran formas mucho menos normadas de existencia? ¿no es precisamente en la América latina más oprimida y explotada por el capital donde docenas de travestis conviven con locas,maricas, gitanas,indios, negros, machonas, chongos, campesinos y niños?¿no deberíamos trabajar para obtener la garantía de nuestros derechos sin dejar de dar cuenta de nuestras propias realidades y de nuestros modos de existir y relacionarnos? ¿de convivir y de formar comunidades alternativas al modelo impuesto?Dos horas más tarde, durante la cena el mismo hondureño afirma que en su país no hay ni hubo ningún golpe de estado, que es sólo una trans-ición... todos se miran, varias afirmaciones cobran sentido, varias dudas se esclarecen.

lunes, 8 de marzo de 2010

PER*VERSOS

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Perversos

lunes, 8 de febrero de 2010

Gordito Chupacirio / primera parte




Desde los trece a los dieciseis años fui un chupacirio, una mariquita parroquial. Durante esos tres años fui prácticamente todos los domingos a misa, también iba a misa los sábados como parte de la rutina de las clases de catequesis que daba a niños de 8 años y por supuesto asistía a todas las misas extraordinarias: Miércoles de Cenizas, Pentecostés, Semana Santa, Via Crucis, festividad del Corpus Christi, Navidad, Reyes, Profesiones Perpetuas, Ordenaciones Sacerdotales, Diaconados, día de la Virgen, etc.

Para ese entonces yo era incapaz de pensarme como marica, la negación era terrible. Me engañaba sistemáticamente a mi mismo, confundía la atracción y el deseo que sentía por otros varones con una forma de amor fraterno, no es que no hubiese cariño sino que todas mis pulsiones sexuales (mi calentura) eran canalizadas en una economía filial cristiana. Esa economía perversa hizo mi existencia posible y mi mundo adolescente un poco más habitable. El pertenecer a una comunidad de jóvenes religiosos me permitió escapar de varias de las situaciones de violencia que los maricas más jovencitos tenemos que enfrentar en nuestra adolescencia (especialmente la hostilidad en la escuela y las presiones familiares y de nuestros pares), y a su vez encontrar una explicación o una excusa para nuestros deseos e identidades no hegemónicos.

De este modo el amor homoerótico encuentra una institución que hace su existencia posible, o mejor aun, el deseo homoerótico puede ser institucionalizado, legitimado, en términos de amor al prójimo. Del mismo modo se habilitan códigos de conducta no hegemónicos que en otros contextos serían inaceptables. Así, recuerdo, que en esta época podía saludar a otros varones con un beso, abrazar a algún amigo durante varios minutos, o tomarme de la mano con un parroquiano desconocido, en las praderas de San Ambrosio justo ante el palacio de la viuda de Olmos.

Recordemos que mientras para las mujeres “la de marimacho es una fase efímera y poco importante (…) un mero lapso en el curso del desarrollo femenino”1 en el caso contrario “No hay un periodo de tiempo aceptado para que un muchacho explore su lado femenino, porque dicha exploración daría a entender que tal vez fuera diferente” 2, en nuestra cultura el contacto entre varones, la posibilidad de tocar a otro, sólo se habilita en contextos deportivos, de lucha o competencia. Es por esto que considero la fase religiosa cristiana puede ser tan importante en la vida de algunos homosexuales, en mi caso particular me permitió interactuar de un modo amoroso con otros varones, recuerdo mi euforia al entrelazar mis manos con las de otros hombres para rezar, también recuerdo que escribía extensísimas cartas a mis compañeros de grupo juvenil expresando mi cariño y amistad incondicional, terminándolas siempre con cuatro palabras que aun hoy despiertan excitación “te ama, tu hermano”.

En los talleres de reflexión y pensamiento gay que coordiné en Córdoba como en distintas charlas informales con conocidos gays de trayectoria católica, salieron a la luz diferentes modos de supervivencia de nuestros deseos y placeres homosexuales en dicha etapa de nuestras vidas:

Para muchos los espacios religiosos les permitieron poder desempeñarse activamente en cuestiones académicas (leer, estudiar, ser alumnos “tragas”) contando con la protección de algún funcionario religioso o con la contención de un grupo que no recriminaba sus intereses sino que consideraba la Sabiduría uno de los dones del Espíritu Santo, o una valiosísima combinación escolapia de la Piedad y las Letras;

También hubo para quienes la religión los salvaba de las tortuosas exigencias de la actividad física y competitiva de los deportes;

Otros no podíamos evitar sentirnos seducidos por la veta artística (musical, pictórica, arquitectónica y literaria) que las comunidades religiosas promovían para quienes nos acercábamos;

Para algunos “feos” la importancia que se daba a la belleza interior y a las actitudes por sobre los atributos corporales y las destrezas físicas resultaba aliviante y esperanzador. Del mismo modo la falta de control y de reprobación sobre las expresiones afeminadas de los cuerpos de los varones y sobre las expresiones masculinas de algunas mujeres reducían las presiones sociales. Para muchos adultos la religiosidad de sus hijos o parientes explica sus expresiones de género no hegemónicas: “Es delicado porque va mucho a la iglesia, es muy buenito” o “Ella no se arregla tanto porque es muy religiosa, no le gusta maquillarse el rostro para no ostentar”;

Algunos otros confesaron ser conscientes de su orientación homosexual ya durante esa etapa y sentirse extremadamente culpables, encontrando en su práctica religiosa (siendo buenos cristianos) una buena forma de pagar por esa ofensa a dios y a sus familias.;

Finalmente hubo quienes aseguraron disfrutar plenamente de un mundo homoerótico y homosocial, donde los muchachos podían vestir faldas y brillantes capas rojas, utilizar collares, desfilar por una pasarela decorada con flores alabados por una multitud, cantar eufóricamente, sostener c¡rios, soplar velas, amarse unos a otros, ser convidados en la boca y alimentarse del cuerpo y la sangre de un muchacho virgen rubio y de ojos claros- todo esto obviando los detalles sadomasoquistas e incestuosos.



1 Elise, Diane. “Tomboys and Cowgirls”, en Sissies and Tomboys: Gender Nonconformity and Homosexual Childbood, editado por Matthew Rottnek. New York University Press, 1999.

2 Kort, Joe. 10 consejos básicos para el hombre gay, EGALES, SL, traducción Josep Escarré 2005